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Pizza al kilo: el fenómeno de La Porteña

Desde Caballito a Punta del Este, una pizza al molde que reivindica la abundancia, el ritual porteño y el disfrute compartido se convirtió en un punto de encuentro gastronómico en la Roosevelt.

En el programa Como Pez en el Agua, conducido por Carla Tchintian y Marcos Grolero, los creadores de La Porteña, Antonella Della Valle y Hernán Cejas, compartieron la historia, el concepto y los secretos detrás de una pizzería que apuesta fuerte por el estilo porteño clásico.

La charla comenzó con las presentaciones y el inevitable cruce cultural. Antonella es nacida y criada en Maldonado; Hernán, argentino “de pura cepa”, oriundo del barrio porteño de Caballito. Desde allí llegó la nostalgia por la pizza de Buenos Aires, esa que se come temprano, en familia o con amigos, los sábados de noche, con mucha muzzarella, salsa generosa y masa al molde.

“Es completamente distinta a la uruguaya”, explicó Cejas. La diferencia, según detalló, está en todo: la masa más gruesa, la abundancia de queso, la salsa intensa y, sobre todo, el uso de la chapa. En las pizzerías históricas de Buenos Aires, como las de Microcentro, se utilizan moldes de hierro grueso, esmaltados y curados por décadas, que permiten una cocción particular y un gratinado inconfundible.

En La Porteña replicaron ese espíritu con tecnología actual. Utilizan horno eléctrico con cocción superior e inferior para lograr un punto parejo, algo clave en pizzas que alcanzan los dos dedos de altura. Cada bollo, cada porción de salsa y cada cantidad de queso se pesan con precisión. La pizza básica ronda el kilo total y algunas especialidades, como la fugazzeta rellena —emblema de la casa— superan el kilo y medio.

La propuesta incluye 25 sabores oficiales. Desde las clásicas muzzarella y fugazzeta hasta combinaciones como seis quesos, pepperoni con más de 50 rodajas por pizza, jamón crudo y rúcula, caprese, pesto o hawaiana. “La polémica también tiene que estar”, bromearon. El ranking de ventas lo encabeza la muzzarella, seguida por la fugazzeta, mientras que el tercer puesto varía según la temporada.

Otro punto fuerte es el fainá, abordado sin dogmas. Tras intentar contentar tanto a uruguayos como a porteños, decidieron hacer el que más les gusta a ellos: un punto intermedio entre lo grueso argentino y lo finito y crocante uruguayo. Hoy incluso lo ofrecen con coberturas, muzzarella y cebolla caramelizada, o versiones más audaces.

El dato que sorprendió fue el día de mayor venta: el lunes. Con muchos locales cerrados y el personal gastronómico libre, la pizza se convierte en el gusto elegido. El ticket promedio ronda entre mil y mil doscientos pesos, con pizzas de ocho porciones pensadas para compartir entre dos o tres personas.

Ubicados en el paseo comercial del edificio Sea Garden, en Roosevelt y parada 15, abren todos los días de 19 a 23.30. Ofrecen delivery propio, retiro en el local y recomiendan, sin dudar, comer la pizza recién salida del horno para no perder la crocancia que define su estilo. “Es otra experiencia”, aseguraron.

Con cinco años de trayectoria, producción diaria y picos de más de cien pizzas por jornada en temporada alta, La Porteña se consolidó como una referencia para quienes buscan en Punta del Este algo más que comida: un ritual, una memoria compartida y una pizza que no escatima.


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