La Huella cumple 25 años y prepara una celebración especial, mientras continúa llevando la gastronomía uruguaya a ciudades como Madrid, Cannes y Nueva York.
Martín Pittaluga, uno de sus socios fundadores, advierte sobre el crecimiento sin planificación que puede afectar a José Ignacio.
La Huella se prepara para celebrar sus 25 años como uno de los principales símbolos gastronómicos de José Ignacio y una marca uruguaya reconocida internacionalmente. Su creador, el empresario gastronómico Martín Pittaluga, repasó en el programa Conexión Empresarial la historia del parador, su proyección internacional y los desafíos que enfrenta el destino.
En diálogo telefónico con Marcos Grolero y Verónica Bibiloni, Pittaluga recordó que La Huella abrió sus puertas en diciembre de 2001 y que este año alcanzará un aniversario que, según reconoció, tampoco imaginaba cuando comenzó el proyecto. “Ese ni yo me lo imaginaba. Tantos años ahí metido. Hemos pasado la mitad de nuestra vida con la familia, con todos”, señaló.
De un restaurante de José Ignacio a una marca uruguaya
Pittaluga explicó que la transformación de La Huella en una marca reconocida fuera de Uruguay no respondió a una estrategia inicial, sino a una combinación de circunstancias. “Fue algo que fue de casualidad. Estar en el buen momento. José Ignacio es un lugar fantástico, buen lugar y buen momento”, sostuvo.
La ubicación, la identidad del balneario y una propuesta gastronómica vinculada al entorno terminaron convirtiendo al restaurante en un punto de referencia para turistas y viajeros internacionales. Para Pittaluga, La Huella también terminó funcionando como una puerta de entrada para mostrar Uruguay en otros mercados.
En ese sentido, destacó el trabajo que vienen realizando desde hace cuatro años con La Vuelta Itinerante, una propuesta que lleva la gastronomía de La Huella a distintas ciudades del mundo. Este año cocinaron en Madrid, Marsella y Cannes, durante el Festival de Cannes, y el recorrido terminará en Nueva York.
“Nosotros vendemos Uruguay”, resumió Pittaluga al explicar el sentido de estas experiencias. Para el empresario, cada salida internacional permite mostrar productos, gastronomía y una determinada forma de entender el país.
La estrategia también se extiende a Estados Unidos a través de su hijo Bambú, vinculado a otro de los proyectos gastronómicos de la familia. Según contó, desde Montauk se desarrollan actividades destinadas a promocionar Uruguay entre un público de alto poder adquisitivo interesado en destinos de características similares.
“Hay que poner freno y control”
Pero la celebración de los 25 años también encuentra a Pittaluga preocupado por el futuro del lugar que convirtió a La Huella en un fenómeno gastronómico. El empresario cuestionó el crecimiento inmobiliario de Punta del Este y, particularmente, algunos cambios que considera incompatibles con la identidad de José Ignacio y La Juanita.
“Yo creo que tiene que haber más planificación de lo que es Punta del Este. El destino Punta del Este es fantástico, pero hay que pensar un poco”, afirmó.
Pittaluga cuestionó especialmente las excepciones a las normas de construcción y advirtió que el aumento de metros cuadrados y nuevos emprendimientos no siempre está acompañado por la infraestructura necesaria. Mencionó problemas vinculados al saneamiento, el agua y la electricidad, y sostuvo que el crecimiento debe contemplar qué ocurrirá con el destino dentro de diez o veinte años.
En José Ignacio, señaló, existe además un patrimonio ambiental y urbanístico que considera especialmente delicado. Recordó que durante años se trabajó para preservar determinadas características del balneario, desde la ausencia de grandes carteles y contaminación visual hasta las restricciones de altura.
“Hay que poner freno, hay que poner control. Eso es lo que se está perdiendo en nuestra zona: el control de lo que está pasando”, afirmó.
El empresario también cuestionó la proliferación de proyectos inmobiliarios en zonas donde, según sostuvo, las excepciones a las normas originales terminaron alterando el espíritu del ordenamiento territorial. Para Pittaluga, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre crecimiento económico y preservación del atractivo que convirtió a José Ignacio en un destino internacional.
Turismo y una marca país
Otro de los puntos centrales de la conversación fue el posicionamiento de Uruguay como destino turístico. Pittaluga defendió la necesidad de construir una política de Estado que trascienda los gobiernos y cuestionó que las decisiones vinculadas a la promoción turística no tengan un consenso más amplio.
También se mostró crítico con el cambio del tradicional concepto de “Uruguay Natural” y sostuvo que la promoción del país debería aprovechar precisamente las características que lo diferencian de otros destinos.
El empresario recordó una experiencia de 1998, cuando La Huella participó en la Expo Lisboa y consiguió el respaldo del Ministerio de Turismo para promocionar Uruguay. Allí llevaron vinos, quesos, dulce de leche y otros productos nacionales. “Fue un gran desafío y Uruguay como país se promocionó”, recordó.
Para Pittaluga, Uruguay tiene una ventaja que debe ser preservada: su escala, sus playas y un entorno que todavía no fue transformado por el turismo masivo. “Uruguay queda lejos, por suerte queda lejos”, afirmó, aunque advirtió que esa condición no garantiza por sí sola la conservación del destino.
La Huella vuelve a abrir y prepara su aniversario
En cuanto a la actividad del restaurante, Pittaluga confirmó que La Huella reabrió el viernes 31 de julio, luego de unas breves vacaciones, y actualmente funciona durante los fines de semana, viernes, sábado y domingo. A partir de noviembre volverá a abrir todos los días.
El aniversario número 25 tendrá además una celebración especial, aunque Pittaluga evitó adelantar detalles porque se tratará de una actividad con invitados. La fecha prevista sería hacia fines de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la apertura original.
Durante la entrevista también recordó algunos de los vínculos construidos a lo largo de estos años con clientes, empresarios y referentes internacionales. Entre ellos mencionó a John McPherson, empresario hotelero de Nueva York, quien le contó que había visitado La Huella en 2005 y que posteriormente tomó algunas ideas del restaurante para desarrollar un proyecto en Montauk.
Para Pittaluga, esa anécdota representa uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un proyecto nacido en José Ignacio: que una experiencia creada en Uruguay haya logrado inspirar a empresarios y destinos gastronómicos de otros países.
Con 25 años de historia, La Huella llega así a una nueva etapa combinando expansión internacional y una defensa cada vez más explícita de la identidad de José Ignacio. Para su creador, el desafío hacia adelante no es solamente mantener el éxito del restaurante, sino contribuir a preservar el destino que hizo posible su historia.
Crédito imagen portada: Instagram @lahuella.parador
Crédito imagen entrevista: Historias Propias, Canal 5, Medios Públicos.
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