La cláusula Stephen King de Chat GPT
Una nueva decisión de ChatGPT reabre el debate sobre la inteligencia artificial y los derechos de autor, al impedir que los usuarios imiten el estilo de escritores reconocidos.
La inteligencia artificial generativa atraviesa una nueva etapa. Según explicó el profesor Gonzalo Sobral en su columna El Algoritmo de Euclides, emitida en el programa Conexión Empresarial, ChatGPT comenzó a restringir las solicitudes que buscan reproducir el estilo de autores reconocidos, una decisión que responde menos a criterios éticos que a una estrategia para evitar futuros conflictos legales por derechos de autor.
Un rechazo inesperado abrió la discusión
El disparador de la columna fue una experiencia ocurrida en una clase de la Facultad de Ingeniería. Un estudiante contó que, tras rendir un examen, fotografió la prueba y la subió a ChatGPT junto con el material teórico para verificar sus respuestas. Sin embargo, la plataforma rechazó la solicitud porque detectó que la fecha del examen correspondía al mismo día, interpretando que podía tratarse de un intento de hacer trampa durante la evaluación.
Para Sobral, este tipo de situaciones demuestra que las herramientas de inteligencia artificial cada vez incorporan más mecanismos para relacionarse con el contexto real y establecer determinados límites en sus respuestas.
La «cláusula Stephen King»
El especialista explicó que hoy ChatGPT también rechaza pedidos como «escribime un cuento al estilo de Stephen King». En lugar de imitar directamente la voz del reconocido escritor estadounidense, el sistema ofrece crear un relato de terror con características similares, pero evita reproducir su estilo personal.
Sobral sostuvo que esta decisión responde principalmente a una necesidad jurídica. «Entiendo que hay mucho más de lógica del bufete de abogados que defiende a estas empresas que de ética literaria», afirmó.
El trasfondo es el creciente número de reclamos de escritores y titulares de derechos de autor, quienes cuestionan que los modelos de inteligencia artificial fueron entrenados utilizando millones de libros sin autorización ni compensación económica.
El verdadero conflicto: proteger el estilo
El debate ya no se limita únicamente a copiar una obra concreta, sino que comienza a extenderse al concepto de estilo. Mientras la legislación estadounidense protege obras específicas, como una novela determinada, varios autores buscan que también se reconozca jurídicamente el valor de su forma particular de escribir.
Según explicó Sobral, los abogados sostienen que una inteligencia artificial capaz de generar textos «sustancialmente similares» podría competir comercialmente con el trabajo original del autor.
Para evitar ese escenario, OpenAI habría implementado lo que el docente definió como un «parche legal»: bloquear este tipo de solicitudes antes de que puedan transformarse en demandas judiciales.
No todas las plataformas actúan igual
La columna también comparó el comportamiento de distintos asistentes de inteligencia artificial. Mientras ChatGPT impide explícitamente la imitación de estilos literarios, Gemini, de Google, continúa aceptando este tipo de pedidos sin mayores restricciones. Claude, desarrollado por Anthropic, permite realizar la solicitud, aunque incorpora una advertencia informando que se trata de una emulación del estilo de otro autor.
Para Sobral, estas diferencias reflejan distintas estrategias empresariales en un momento en que las principales compañías del sector preparan su salida a bolsa y buscan minimizar riesgos legales.
Una nueva etapa para la inteligencia artificial
El profesor consideró que la etapa del «vale todo» en la inteligencia artificial generativa comienza a quedar atrás. La aparición de restricciones vinculadas a los derechos de autor podría extenderse a otros ámbitos, como el desarrollo de software, la arquitectura o cualquier disciplina donde exista propiedad intelectual claramente identificable.
A su entender, los próximos años estarán marcados por un mayor equilibrio entre innovación tecnológica y protección de los creadores, en un escenario donde las regulaciones seguirán creciendo a medida que avance el uso masivo de estas herramientas.
