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La Colorada proyecta turismo rural y aromático

La Colorada nació de un proyecto familiar y hoy produce aceites esenciales naturales, con apoyo de ANDE y una apuesta que combina agroecología, innovación y turismo rural.

Lo que comenzó como un experimento casero para extraer aromas de plantas terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy elabora aceites esenciales, blends para aromaterapia y proyecta experiencias de turismo rural. Cecilia Laffitte y Arturo Juanbeltz, fundadores de La Colorada, repasaron su historia en el programa Empresa Viva, conducido por Gonzalo Sobral, donde contaron cómo transformaron una idea nacida en su chacra en un proyecto con identidad propia y en constante crecimiento.

De un destilador casero a una marca consolidada

La historia comenzó casi por casualidad. Mientras Arturo experimentaba con un pequeño destilador construido por él mismo, Cecilia buscaba capturar el aroma de distintas plantas nativas. El resultado superó rápidamente el consumo familiar y, tras el nacimiento de su hija y un cambio laboral, decidieron convertir ese excedente en un emprendimiento.

El apoyo de ANDE fue determinante para profesionalizar el proyecto. Gracias a un programa de validación de ideas de negocio pudieron desarrollar la identidad visual de la marca, mejorar el packaging y comprender aspectos fundamentales del mercado para iniciar la comercialización de sus productos.

Producción natural con raíces en la chacra

Actualmente, La Colorada cultiva distintas especies aromáticas en su chacra ubicada en Montevideo Rural, donde producen lavanda, romero, salvia, lemongrass y otras variedades. Sin embargo, buena parte de la materia prima también proviene de acuerdos con vecinos y productores de la zona, quienes permiten aprovechar árboles y montes mediante podas y raleos que luego son transformados en aceites esenciales.

«Siempre seguimos descubriendo algún aroma nuevo», comentó Arturo al explicar que la exploración de especies locales continúa siendo parte de la esencia del proyecto.

Además de los aceites esenciales tradicionales, la empresa desarrolló mezclas específicas para diferentes usos, como productos relajantes o energizantes para aplicación directa sobre la piel. Estas formulaciones fueron diseñadas junto a una especialista uruguaya radicada en España, en el marco de un segundo proyecto financiado por ANDE que permitió ampliar la escala comercial del emprendimiento.

Una experiencia que va más allá de los aromas

Los fundadores explicaron que su objetivo nunca fue únicamente fabricar aceites esenciales. Desde el comienzo imaginaron un espacio donde la producción agroecológica pudiera compartirse con otras personas.

Por eso trabajan en el desarrollo de experiencias de turismo rural y aromático, donde los visitantes podrán participar de actividades como podas, destilaciones, catas de aromas y degustaciones de productos locales, además de conocer el funcionamiento cotidiano de la chacra.

El emprendimiento también recibe voluntarios extranjeros a través de una plataforma internacional de intercambio, quienes colaboran en tareas vinculadas a la huerta, los cultivos, la destilería y el cuidado de los animales, convirtiendo la experiencia en un intercambio cultural que ha fortalecido la visión del proyecto.

Para Cecilia y Arturo, detrás de cada frasco de aceite esencial existe un proceso artesanal que comienza en la tierra y culmina con un producto natural que busca transmitir el valor de la producción responsable y el vínculo con el entorno.


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