El gobierno de EE.UU. le puso freno a la IA más poderosa: ¿seguridad o control?
El presidente de Anthropic enfrenta restricciones inéditas: EE.UU. limitó el uso de su IA más avanzada y reabrió el debate global sobre seguridad, innovación y control estatal.
En una nueva entrega de la columna semanal “El Algoritmo de Euclides”, dentro del programa Conexión Empresarial, Gonzalo Sobral analizó junto a Cata Sterenstein la decisión del gobierno de Estados Unidos de limitar el uso de Claude Mythos, el modelo de inteligencia artificial más avanzado desarrollado por Anthropic.
Sobral explicó que la medida sorprendió por su alcance y por el momento en que se tomó. “Es como construir el motor más potente del mundo y que el gobierno te diga que solo podés encenderlo en el garage, pero no sacarlo a la calle”, comparó, para ilustrar el freno impuesto a la herramienta.
Según detalló, el 12 de junio el gobierno estadounidense ordenó a Anthropic apagar globalmente los modelos Mythos 5 y Fable 5 durante varios días, ante el temor de que su enorme potencia cayera “en manos equivocadas”. El foco estuvo puesto en riesgos de ciberseguridad y en la posibilidad de ataques a infraestructuras críticas.
“El miedo de Estados Unidos no es abstracto: China y Rusia están en el centro de la preocupación geopolítica, y la tecnología hoy es un campo de batalla tan sensible como el militar”, señaló Sobral durante la charla.
Uno de los puntos más delicados, explicó, es que Mythos había sido diseñado como un “hacker ético”, capaz de detectar vulnerabilidades informáticas. “Servía para mejorar sistemas, pero también podía convertirse en un problema enorme si se usaba con otros fines”, advirtió.
La restricción no implica una prohibición total. El gobierno habilitó su uso solo para un grupo cerrado de unas cien organizaciones estadounidenses, principalmente grandes empresas y entidades vinculadas a la defensa de infraestructura crítica. El acceso general quedó fuera del alcance del público y de la mayoría de las compañías.
Para Sobral, la decisión sienta un precedente inquietante: “Por primera vez se trata a una inteligencia artificial como una exportación controlada, al mismo nivel que armas o semiconductores”.
En la conversación también apareció el impacto a largo plazo. “Cada vez concentramos más poder en menos manos. Eso no solo es un problema tecnológico, es un problema de poder”, reflexionó el columnista, y alertó sobre la dependencia creciente de herramientas que no están bajo control de quienes las usan.
El debate quedó abierto: ¿se trata de una medida necesaria para proteger la seguridad nacional o de un freno al avance de la innovación? “No tengo la respuesta, pero está claro que ya no hablamos solo de tecnología o negocios, sino de geopolítica”, concluyó Sobral, dejando la pregunta instalada para futuras discusiones.
