Citrino: un sueño que nació en Nueva Zelanda y hoy crece en Las Flores
En una nueva edición de Empresa Viva, el programa conducido por Gonzalo Sobral, conversamos con Vicky Rainusso y Jerónimo Laxalde, los creadores de Citrino, un emprendimiento turístico sustentable ubicado en Estación Las Flores, frente al Castillo Pittamiglio. La iniciativa combina cabañas construidas con barro y madera, un área de camping y estacionamiento para casas rodantes, y una filosofía centrada en el contacto con la naturaleza y el cuidado del ambiente.
De una pregunta personal a un proyecto de vida
La historia de Citrino comenzó a gestarse en 2019, cuando Vicky y Jerónimo vivían en Nueva Zelanda desde hacía casi cinco años. Ambos trabajaban en las profesiones para las que se habían formado, pero sentían que, pese a tener una vida estable, les faltaba algo.
Un taller de finanzas personales con una mirada más introspectiva los llevó a hacerse preguntas sobre qué harían si el dinero no fuera una preocupación. Ese ejercicio los impulsó a replantearse su futuro y a imaginar una vida más alineada con sus valores.
Paralelamente, habían comenzado a alquilar habitaciones de su casa a través de Airbnb. Lo hicieron más por el deseo de conocer viajeros y compartir experiencias que por una cuestión económica. Ese contacto cotidiano con personas que estaban disfrutando de sus vacaciones les mostró cuánto valoraban generar espacios de encuentro y bienestar.
“Nos dimos cuenta de que nos encantaba estar en contacto con gente que estaba disfrutando de la vida. Esa energía nos cambiaba el día”, recuerdan.
El descubrimiento de la construcción natural
Mientras imaginaban su regreso a Uruguay, surgió otra inquietud: cómo sería la casa que querían construir para vivir. Vicky, interesada desde pequeña por el cuidado ambiental y con experiencias vinculadas a la construcción natural, comenzó a investigar alternativas sustentables.
Fue entonces cuando descubrieron la técnica de construcción con fardos de paja y barro. Aunque ninguno tenía experiencia en el rubro, sintieron que era una forma accesible y coherente con la vida que deseaban construir.
Para confirmar que aquel sueño podía convertirse en realidad, realizaron voluntariados en distintos proyectos de construcción natural en Nueva Zelanda y posteriormente emprendieron un viaje de seis meses para conocer iniciativas similares y aprender de otras personas que habían recorrido caminos parecidos.
“Necesitábamos pasar de la idea a la acción para comprobar si realmente era algo que queríamos hacer”, explican.
El regreso a Uruguay y la apuesta total
Volver a Uruguay significó asumir riesgos importantes. Dejaron trabajos estables, apostaron sus ahorros y decidieron enfocarse por completo en el proyecto, sin buscar otros empleos.
La decisión no estuvo exenta de dudas y temores, especialmente al compartir la idea con sus familias. Sin embargo, la experiencia acumulada durante el viaje y el convencimiento de que estaban siguiendo el camino correcto les dio la confianza necesaria para avanzar.
La clave, aseguran, estuvo en la constancia: establecer objetivos concretos a corto y largo plazo, avanzar paso a paso y mantener el foco en aquello que querían construir.
Un plan diseñado antes de tener la tierra
Mucho antes de comprar la chacra donde hoy funciona Citrino, Vicky y Jerónimo ya tenían definido gran parte del proyecto.
La visión incluía cabañas, un restaurante, áreas de producción de árboles frutales, huerta y espacios para animales, con la idea de generar un ecosistema integrado y sustentable.
Cuando finalmente encontraron la chacra en Estación Las Flores, estudiaron cuidadosamente el terreno, el comportamiento del agua, la vegetación existente y las pendientes para adaptar aquella idea inicial a las características reales del lugar.
El arquitecto Federico La Rosa también fue una figura clave para transformar los sueños en un plan viable y económicamente sostenible.
Qué es Citrino hoy
Actualmente, Citrino cuenta con dos casas construidas mediante sistemas de bioconstrucción con barro y madera. Cada una dispone de dormitorio, cocina y espacios pensados para una experiencia de descanso en plena naturaleza.
A esto se suma un área para camping y estacionamiento de casas rodantes, equipada con servicios, baños confortables y facilidades para viajeros que recorren el país en motorhome.
Más allá de la infraestructura, los fundadores destacan que el verdadero propósito del proyecto es ofrecer un lugar donde las personas puedan bajar el ritmo, desconectarse de las pantallas y reconectar con lo esencial.
“Queremos que quienes lleguen puedan disfrutar de lo simple, compartir un mate, recorrer el monte nativo y volver a encontrarse con ellos mismos”, señalan.
Una experiencia para compartir
Uno de los aspectos que más valoran es el espacio común del predio, pensado para favorecer el encuentro entre huéspedes. Allí se generan conversaciones, intercambios de experiencias y vínculos que, según afirman, enriquecen tanto a quienes visitan el lugar como a ellos mismos.
Con varios proyectos aún por concretar y un plan de crecimiento que siguen actualizando periódicamente, Vicky y Jerónimo continúan desarrollando Citrino con la misma filosofía que los impulsó desde el inicio: avanzar paso a paso, respetando la naturaleza y construyendo un proyecto coherente con la vida que soñaron mientras vivían a miles de kilómetros de Uruguay.
Al cierre de la entrevista, ambos extendieron una invitación abierta a conocer el emprendimiento.
“Es un lugar donde las personas van a ser recibidas con mucho amor y mucha alegría”, concluyeron.
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