A Toda Confianza: vende verduras sin atender el puesto y los clientes pagan solos
Un productor de Lavalleja creó un puesto de autoservicio sin vendedores, donde los clientes eligen verduras y huevos y pagan por su cuenta.
En el kilómetro 95 de la ruta 12, entre Minas y Tala, funciona un emprendimiento rural que tiene una particularidad: no hay nadie atendiendo, pero los clientes pueden comprar productos de la quinta y pagar por su cuenta. La iniciativa se llama A Toda Confianza y fue creada por Nicolás Viera, un productor que decidió apostar a la honestidad de los compradores y a la venta directa como alternativa a los canales tradicionales de comercialización. Su historia fue presentada en Empresa Viva, programa de Radio Viva conducido por Gonzalo Sobral, con producción de Camila Pérez.
La idea surgió a partir de experiencias que Viera había conocido en otros países, donde se instalan pequeños puestos o bibliotecas junto a las carreteras para que las personas retiren libros y dejen un pago voluntario o establecido. El productor pensó que podía aplicar un sistema similar a las verduras que cultivaba en su quinta, ubicada junto a la ruta. Sin embargo, tuvo que esperar aproximadamente un año para ponerlo en práctica, porque la primera cosecha de zapallo cabutiá había sufrido las consecuencias de la sequía y no tenía la calidad que buscaba ofrecer.
Un puesto sin vendedores y con una alcancía
El funcionamiento es sencillo: cada mañana, alrededor de las siete, Viera coloca los productos en el puesto, con sus respectivos precios. Los compradores eligen lo que necesitan y depositan el dinero en una alcancía o realizan una transferencia bancaria. Al finalizar la jornada, cuando comienza a oscurecer, retira la mercadería y compara las ventas con el dinero recaudado.
“Por suerte la gente responde re bien”, afirmó el productor. Aunque reconoció que algunos días encuentra pequeñas diferencias entre lo vendido y lo cobrado, explicó que en ocasiones falta algo de dinero y en otras sobra. “No lo hallo que sea con un tema de una maldad. Se puede equivocar cualquier persona también. O te dejan una propina”, comentó.
Los primeros días fueron de incertidumbre. El movimiento era escaso y algunos compradores desconfiaban del mecanismo: incluso había quienes caminaban hasta su vivienda, ubicada más atrás del establecimiento, para pagar personalmente. Con la difusión del emprendimiento en redes sociales y medios de comunicación, la propuesta comenzó a hacerse conocida y los clientes se acostumbraron al sistema.
De los zapallos a una oferta cada vez más variada
El emprendimiento comenzó con zapallo cabutiá y calabacín, pero progresivamente incorporó otros alimentos. Actualmente ofrece papas, boniatos, acelgas, remolachas y huevos de gallinas que se crían con acceso al pasto. Para los próximos meses, Viera prevé sumar productos de temporada como zapallitos, pepinos y melones.
Para facilitar las compras sin necesidad de una balanza ni de personal, prepara previamente las cantidades. Las papas, por ejemplo, se presentan en bolsas de cuatro kilos, mientras que los boniatos se ofrecen en paquetes de uno o dos kilos. También vende atados de remolacha, de cinco o seis unidades, a 50 pesos.
La clientela es diversa: vecinos de la zona, trabajadores que transitan habitualmente por la ruta y personas que salen a pasear y se acercan especialmente para conocer el emprendimiento. Algunos compradores se comunican posteriormente con Viera por mensajes, mientras que otros permanecen anónimos.
“Hay muchos que no sé ni quiénes son, la verdad, porque van de pasada”, relató.
La venta directa como alternativa para los pequeños productores
Detrás del particular sistema de autoservicio también existe una necesidad económica. Viera explicó que los pequeños productores enfrentan dificultades para obtener una rentabilidad adecuada cuando comercializan sus cosechas mediante intermediarios.
“El productor en sí no vende tan caro, pero al consumidor le llega a un costo grande por el pasamano”, señaló. Por eso, considera que la venta directa genera un doble beneficio: permite mejorar el ingreso de quien produce y ofrecer precios más convenientes al consumidor.
Como ejemplo, mencionó los costos que implica enviar verduras a la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM). Según explicó, además de pagar el transporte, los productores deben afrontar una comisión del 15% por la comercialización, sin tener asegurada la venta de toda la mercadería.
“A veces vendés, a veces no. Es como que la mandás, pero no sabés si te la van a vender o no”, expresó. A su entender, esta incertidumbre, sumada a la inversión y al trabajo que exige una quinta, ha llevado a muchos productores de la zona a abandonar la horticultura.
Una zona rural que pierde productores
Viera también describió los cambios que ha observado en el entorno de su establecimiento. Aunque históricamente se trataba de una zona de quintas, aseguró que actualmente quedan menos productores y que muchos jóvenes se han marchado.
Algunos establecimientos se reconvirtieron hacia la cría de animales o pollos, mientras que otros dejaron de producir. Para Viera, una de las principales dificultades es que la horticultura requiere un esfuerzo importante que no siempre se traduce en una remuneración suficiente.
Pese a ello, todavía no conoce a otros productores cercanos que hayan adoptado su sistema de venta. “Todos dicen que estoy loco”, contó con humor, aunque considera que la experiencia podría replicarse.
El objetivo: ampliar la producción y seguir creciendo
Lejos de considerar el emprendimiento como una experiencia pasajera, Nicolás Viera pretende continuar desarrollándolo. Su principal objetivo es diversificar los cultivos para ofrecer una mayor variedad de verduras durante el año y seguir incorporando productos al puesto.
“Mi idea es ir plantando más variado para poder vender, ofrecer más verduras. La idea es seguir creciendo”, afirmó.
Con un sistema que prescinde de vendedores, horarios de atención personalizados y controles presenciales sobre cada compra, A Toda Confianza demuestra que la relación entre productor y consumidor también puede construirse sobre un principio sencillo: confiar en que cada persona pagará por lo que se lleva.
Dónde encontrar A Toda Confianza
El puesto está ubicado en el kilómetro 95 de la ruta 12, en Lavalleja, aproximadamente a 40 kilómetros de Minas y 20 kilómetros de Tala. Abre alrededor de las 7:00 y permanece disponible hasta el anochecer, con productos etiquetados que pueden abonarse en efectivo o mediante transferencia bancaria.
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