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El beso de la mujer araña: cine y teatro se funden en escena

Desde Madrid, pero con el pulso creativo puesto en Montevideo, Santiago Ventura atraviesa un momento de fuerte consolidación artística. Director de cine y teatro, actor, escritor y fotógrafo, actualmente está al frente de El beso de la mujer araña, una obra que llegó a su vida no por azar, sino a partir de un deseo profundo compartido con uno de sus protagonistas.

La idea de representar la obra surgió a partir de Gastón Torello, actor con quien Ventura ya había trabajado previamente. “Gastón siempre me decía que quería hacer esta obra. Incluso me contó que su madre le había dicho que era el mejor regalo que podía hacerse”, recuerda el director. Ese deseo personal fue el primer disparador de un proyecto que luego crecería de forma natural.

El siguiente paso fue la lectura del texto, y allí ocurrió algo decisivo. “Me mandaron la obra y me emocioné leyéndola, sin pensar todavía en cómo hacerla. El texto ya me parecía increíble”, confiesa Ventura. Esa reacción emocional fue clave: antes de pensar en la puesta, el elenco o el lenguaje escénico, apareció una conexión íntima con la historia.

Casi en paralelo, Rodrigo Armendía también manifestaba su interés por interpretar la obra. Un productor los reunió y el proyecto tomó forma rápidamente. “Ellos se conocían, pero nunca habían trabajado juntos. Nos juntamos los tres y todo fue muy orgánico”, explica. En poco tiempo, el elenco y el director encontraron un entendimiento común que aceleró el proceso creativo.

La elección de El beso de la mujer araña no fue solo artística, sino también conceptual. Ventura destaca que la obra lo atrapó por su potencia humana y política. “En el fondo es una historia de dos personas que buscan ser libres, en un contexto terrible como es la dictadura. La imaginación aparece como una forma de escape y de resistencia”, señala.

Esa mirada dialoga directamente con la forma en que el director entiende el cruce entre cine y teatro. Formado en ambas disciplinas, Ventura desafía la idea de que se trata de lenguajes separados. “La esencia es la misma. Lo que cambia es la proyección”, afirma. Esa concepción se traduce en una puesta donde conviven momentos de actuación expansiva con otros de extrema intimidad, casi cinematográfica.

La respuesta del público terminó de confirmar la elección. “Al final de la función hay gente llorando, con necesidad de sacar lo que le pasó. No solo emocionarse, sino expresarlo”, relata. Para Ventura, ese impacto habla de una obra que toca fibras profundas y habilita una experiencia colectiva intensa.

Mientras El beso de la mujer araña transita sus últimas funciones en Montevideo, el director también se encuentra en plena posproducción de su nueva película, Agua negra, y proyecta su trabajo entre Uruguay y España. Sin embargo, reconoce que esta obra ocupa un lugar especial en su recorrido. “Hay textos que uno no elige solo para dirigirlos, sino porque te eligen a vos”, concluye.

Ultimas funciones: jueves 28 y viernes 29 de mayo en el Teatro Victoria (Río Negro 1479 esq. Uruguay; Montevideo). Entradas en venta en Redtickets

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