En Nueva Helvecia: la escuela láctea que forma alumnos de todo el país conmemora 96 años
A días del aniversario 96, la Escuela Superior Integral de Lechería reafirma su rol histórico en la formación técnica y el futuro productivo del país.
La Escuela Superior Integral de Lechería celebra 96 años de historia como una de las instituciones educativas más emblemáticas de la formación técnica uruguaya. En diálogo telefónico con Carla Tchintian, en el programa Como Pez en el Agua, su directora Ana Lacaze repasó los orígenes, el presente y los desafíos de una escuela única en la región.
Fundada en 1930 en Nueva Helvecia, en el corazón de una zona profundamente ligada a la tradición lechera, la escuela nació del trabajo conjunto entre productores locales, sociedades de fomento y una fuerte apuesta del Estado uruguayo por la educación técnica. “Fue la conjunción de fuerzas vivas del territorio y de un país que empezaba a creer en la formación técnica como motor de desarrollo”, explicó la directora, destacando el arraigo histórico de la institución dentro de la órbita de UTU.
Actualmente, la escuela recibe estudiantes de todo el país y también del extranjero. El rango etario va desde adolescentes de 15 años hasta jóvenes de más de 20, y cerca del 95 % de los alumnos reside en el predio educativo de lunes a viernes. “Tenemos estudiantes del Chuy, de Bella Unión y también extranjeros. Desde 2017, todos los años recibimos entre uno y seis”, señaló, recordando incluso que durante la pandemia varios jóvenes de otros países quedaron alojados en la institución.
El predio, de 133 hectáreas, funciona como una unidad productiva real: cuenta con tambo propio, planta industrial de lácteos y residencia estudiantil. La propuesta educativa abarca bachillerato agrario y dos tecnicaturas terciarias: una orientada a los sistemas de producción lechera —desde la preparación de la tierra hasta la gestión del tambo— y otra enfocada en la industria láctea, donde los estudiantes elaboran quesos, yogures, helados y postres, además de formarse en inocuidad alimentaria y trabajo de laboratorio.
La salida laboral es uno de los puntos fuertes de la institución. “Prácticamente no tenemos egresados sin trabajo. Muchas veces llaman las empresas y no tenemos estudiantes disponibles”, afirmó la directora. Los graduados se desempeñan en plantas industriales, laboratorios de alimentos, empresas de insumos o en emprendimientos familiares y propios, lo que refleja la amplitud del campo laboral.
Consultada sobre el presente y el futuro del sector, la directora reconoció la complejidad que atraviesan los tambos más pequeños, especialmente por el recambio generacional y la exigencia de un sistema productivo que no se detiene nunca. Sin embargo, subrayó una mirada optimista: “Aquí tenemos más de cien jóvenes que eligen este camino y se comprometen con él”. En ese sentido, señaló que la diferenciación, la producción artesanal y la especialización en productos de alta calidad aparecen como una oportunidad para Uruguay frente a los desafíos del mercado internacional.
Sin provenir de una familia lechera —es profesora de Física y oriunda de Juan Lacaze—, la directora definió su llegada a la escuela como un desafío personal y profesional. “Entrar a una institución con tanta historia implicó aprender muchísimo, pero también es lo que más valoro de este lugar”, afirmó.
A 96 años de su fundación, la Escuela Superior Integral de Lechería sigue siendo un semillero de técnicos, productores y emprendedores que sostienen y proyectan uno de los pilares históricos del agro uruguayo, combinando tradición, educación pública y mirada de futuro.
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