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Guadalajara, tacos y tradición: qué comer en México durante el Mundial

En su columna gastronómica en En la Punta de la Lengua, Marcela Baruch invitó a recorrer México a través de sus sabores, poniendo el foco en una cocina que es mucho más que una moda o una postal turística. Se trata de una tradición milenaria, profundamente ligada a la historia y a la identidad cultural del país.

La gastronomía mexicana fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, no solo por sus recetas, sino por todo lo que implica: los mercados, las técnicas ancestrales, el uso del maíz como base de la alimentación y la transmisión del conocimiento de generación en generación.

Baruch destacó que hablar de cocina mexicana no es hablar de un único plato, sino de una enorme diversidad regional. Desde la birria de Jalisco hasta los moles complejos de Oaxaca, cada zona del país aporta sabores, ingredientes y rituales propios. El picante, explicó, no es un exceso, sino un elemento equilibrado que potencia los platos y forma parte de la identidad culinaria.

Otro punto central fue el rol de los mercados y las cantinas como espacios sociales, donde la comida se comparte y se vive como experiencia colectiva. Allí conviven recetas callejeras con preparaciones tradicionales que mantienen técnicas prehispánicas, como la nixtamalización del maíz.

La columna también puso en valor productos emblemáticos como el cacao, el chocolate caliente especiado, los frijoles, el maíz en sus múltiples formas y las salsas que acompañan casi cada comida. Ingredientes simples, combinados con conocimiento y tiempo, dan lugar a una de las cocinas más complejas del mundo.

Más allá de modas gastronómicas o reinterpretaciones modernas, Marcela Baruch remarcó que la cocina mexicana sigue siendo una cocina viva, cotidiana y profundamente ligada a la identidad de su gente. Comer en México es, en definitiva, una forma de entender su historia, su presente y su manera de estar en el mundo.

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