La crisis invisible del chip y la caida global de la venta de celulares
La creciente demanda de chips para inteligencia artificial está transformando el mercado de celulares. Gonzalo Sobral analizó las consecuencias para fabricantes y consumidores.
La industria mundial de teléfonos celulares enfrenta un escenario de cambios marcado por el encarecimiento de los componentes electrónicos, la competencia por los chips y una desaceleración de las ventas. El avance de la inteligencia artificial está modificando las prioridades de los fabricantes de semiconductores y generando nuevas dificultades para las empresas de telefonía móvil. Gonzalo Sobral analizó este fenómeno en su columna El algoritmo de Euclides, del programa Conexión Empresarial, de Radio Viva, donde explicó por qué los celulares podrían seguir aumentando de precio y qué consecuencias tendrá esta situación para los consumidores.
La inteligencia artificial compite por los chips
Según los datos de Counterpoint Research citados por Sobral, las ventas mundiales de smartphones registraron una caída interanual del 20% en el trimestre analizado. El comunicador señaló que el mercado experimenta una desaceleración después de años de crecimiento y vinculó parte de las dificultades actuales con la creciente demanda de componentes destinados a sistemas de inteligencia artificial.
El problema radica en que la capacidad mundial de fabricación de chips es limitada, mientras que las empresas vinculadas a la inteligencia artificial están dispuestas a pagar precios cada vez mayores para asegurarse el suministro. Como consecuencia, los fabricantes de teléfonos deben competir por esos mismos componentes y asumir costos más elevados.
Sobral ilustró el fenómeno con un ejemplo: cuando un comprador está dispuesto a pagar cada vez más por un producto escaso, el proveedor tiende a priorizarlo. “Los principales fabricantes de chips de memoria se lo venden a la inteligencia artificial por donde está la plata”, explicó.
Celulares más caros y consumidores que postergan la renovación
El aumento del costo de los componentes termina trasladándose al precio final de los teléfonos. Según el análisis presentado en la columna, algunos equipos podrían experimentar incrementos de entre el 10% y el 20%, dependiendo del segmento y de las decisiones comerciales de cada fabricante.
Ante esta situación, muchos consumidores optan por conservar sus dispositivos durante más tiempo. “La gente dice: ‘Che, dejame ver, vamos a hacerlo aguantar seis meses más, un año más’”, comentó Sobral.
Esta tendencia también está favoreciendo el desarrollo de un mercado secundario de celulares usados, donde los equipos se entregan como parte de pago, se reacondicionan o se comercializan a través de establecimientos especializados.
El columnista señaló que el fenómeno podría impulsar una relación diferente con la tecnología, en la que reparar un dispositivo o cambiarle la batería vuelva a ser una alternativa atractiva frente a la compra de un modelo nuevo.
Samsung y Apple resisten mejor que las marcas económicas
La crisis no afecta de la misma manera a todos los fabricantes. Sobral explicó que las grandes compañías cuentan con mayores posibilidades de absorber los aumentos de costos o trasladarlos a consumidores dispuestos a pagar más por equipos de alta gama.
De acuerdo con las cifras expuestas durante la columna, Samsung concentra aproximadamente el 25% del mercado mundial, mientras que Apple representa entre el 20% y el 21%. Entre ambas reúnen cerca de la mitad de las ventas globales de smartphones.
Sobral señaló que Samsung registró una caída relativamente moderada, estimada entre el 4% y el 5%, y que decidió concentrar parte de sus recursos en dispositivos de mayor precio, especialmente en su línea de teléfonos plegables.
Apple, por su parte, mostró un mejor desempeño, apoyado especialmente en sus operaciones en China e India. Según el columnista, la compañía utilizó estrategias comerciales y de precios para sostener su presencia en esos mercados.
La situación resulta más compleja para marcas como Xiaomi y Oppo, que tienen una participación importante en los segmentos de precios más accesibles.
“¿Dónde empieza a estar el problema? En las marcas más económicas y la telefonía celular que no es de alta gama”, explicó Sobral. En esos segmentos, trasladar el aumento de costos al consumidor puede provocar una caída mayor de la demanda.
¿Por qué no se fabrican más chips?
Aunque la escasez de componentes podría parecer una oportunidad para construir nuevas plantas industriales, Sobral advirtió que ampliar la capacidad de producción requiere inversiones importantes y, sobre todo, tiempo.
Según explicó, poner en funcionamiento una nueva fábrica de chips puede llevar entre dos y tres años, un plazo que dificulta responder rápidamente a los cambios de la demanda.
Además, los fabricantes deben evaluar si el crecimiento actual de la inteligencia artificial se mantendrá durante el tiempo suficiente para justificar esas inversiones.
En ese contexto, el columnista señaló que las dificultades de abastecimiento y las presiones sobre los precios podrían extenderse durante varios años, incluso hasta 2030, si no se producen cambios importantes en la capacidad de fabricación.
El desafío de prolongar la vida útil de los teléfonos
Uno de los posibles efectos de esta situación es que los consumidores comiencen a renovar sus equipos con menor frecuencia.
Sobral recordó que, durante décadas, era habitual utilizar los electrodomésticos y otros dispositivos hasta que dejaban de funcionar, y recurrir a la reparación antes de reemplazarlos.
“Las cosas duraban hasta que se rompían”, expresó, al plantear que el encarecimiento de los celulares podría favorecer nuevamente esa práctica.
Sin embargo, reconoció que las grandes empresas tecnológicas enfrentan una competencia permanente que las impulsa a lanzar nuevos modelos cada año. Reducir ese ritmo podría significar perder participación de mercado frente a sus competidores.
Una crisis que también plantea riesgos tecnológicos
Hacia el final del análisis, Sobral amplió la mirada sobre los chips y advirtió que su creciente presencia en dispositivos conectados también genera preocupaciones relacionadas con la seguridad informática.
Mencionó episodios de ataques a sistemas de refrigeración y planteó los riesgos que podrían surgir si componentes electrónicos utilizados en infraestructuras críticas o vehículos conectados fueran vulnerables a intervenciones externas.
La preocupación, explicó, ya no se limita al precio o la disponibilidad de los semiconductores, sino también a su importancia estratégica para el funcionamiento de numerosos sectores económicos.
En definitiva, la competencia por los chips está transformando tanto las estrategias de los fabricantes como los hábitos de los consumidores. Mientras la inteligencia artificial concentra inversiones y demanda de componentes, el mercado de celulares enfrenta el desafío de mantener sus precios competitivos y adaptarse a usuarios que podrían optar por conservar sus teléfonos durante más tiempo.
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