Natalia Vargas, creadora de Lo de Buba: “El goulash y la schnitzel son platos de abuela, fuertes y llenos de identidad”
Desde Punta Ballena, una casa de barro convertida en refugio gastronómico propone sabores austro-húngaros con alma familiar. En diálogo con el programa Como Pez en el Agua, Natalia Vargas contó el origen de Lo de Buba y la historia personal detrás del proyecto.
La creadora de Lo de Buba, Natalia Vargas, relató en el programa Como Pez en el Agua, conducido por Carla Tchintian y Marcos Grolero, cómo nació este emprendimiento gastronómico que combina cocina austro-húngara, recuerdos familiares y un fuerte sentido de hogar.
Vargas nació en Río Branco, departamento de Cerro Largo, y llegó a Maldonado hace tres décadas. Su historia personal la llevó a vincularse de forma profunda con la gastronomía europea a partir de su vida familiar y de largos períodos entre Uruguay y Austria. “Conocí la cocina austríaca, alemana y húngara desde adentro, no solo por la comida, sino por el servicio, por el concepto de hospitalidad”, explicó.
El proyecto tomó forma cuando regresó definitivamente al país en 2018. “Estaba en otro rubro, pero sentía que no me había encontrado. Quería hacer algo que realmente me representara”, recordó. La oportunidad surgió en el espacio donde hoy funciona el restaurante, una casa de estilo rústico y energía especial, que terminó de definir la identidad del lugar.
El nombre también tiene una historia íntima. Inicialmente pensó en llamarlo Oma —abuela en alemán—, pero no terminaba de convencerla. La respuesta llegó a través de una charla con la dueña del predio, quien le contó que a su abuela le decían “Buba”. “Ahí supe que ese era el nombre. Corté y dije: listo, Lo de Buba. Y pegó”, contó.
La propuesta gastronómica gira en torno a platos tradicionales centroeuropeos, adaptados al paladar local. El goulash con spätzle es el emblema de la casa y, contra todo pronóstico, se convirtió en el plato más pedido incluso en pleno verano. “Con cuarenta grados, mesas de alemanes pedían goulash. Es un plato fuerte, pero tiene algo emocional”, relató.
La carta incluye también wiener schnitzel —milanesa de cerdo al estilo vienés—, ñoquis caseros y una variedad de recetas que remiten directamente a la cocina de las abuelas. “La gente me dice: ‘Esto me lo hacía mi abuela’. Hasta por el puré me preguntan qué le pongo”, dijo entre risas. Todo es casero, sin conservantes ni procesos industriales.
El restaurante abrió oficialmente el 4 de octubre del año pasado, tras una preapertura con degustaciones para allegados. Desde entonces, el crecimiento fue gradual pero sostenido, con una clientela que incluye turistas europeos, residentes de la zona y familias que buscan una experiencia distinta.
Lo de Buba cuenta con capacidad para unas 60 personas, entre el interior de la casa de barro y el jardín. Funciona de martes a sábado de 12 a 21 horas, con cocina abierta todo el día, y los domingos de 12 a 17, con menús especiales familiares que se difunden por redes sociales.
El proyecto es netamente familiar: Natalia cocina, atiende, cobra y coordina, acompañada por su hijo Kevin y un pequeño equipo. “Es multifacético, como todo emprendimiento familiar. Nos ayudamos y también nos peleamos”, confesó.
La propuesta se completa con vinos de bodegas pequeñas, un vino de la casa con etiqueta propia y una panera que se volvió protagonista: focaccia casera y tortas fritas. “La gente muere por la panera”, aseguró Vargas, reivindicando ese cruce cultural que une tradición europea y costumbre rioplatense.
“Lo de Buba es eso: sentarte, comer rico y sentirte en casa”, resumió. Una cocina que no busca modas, sino memoria, identidad y disfrute compartido.
