Con 26 años y su mejor ranking ATP, Franco Roncadelli vive el momento que lo acerca a Wimbledon
El presente de Franco Roncadelli parece confirmar una de esas historias que se construyen lejos de los flashes y, de repente, irrumpen con fuerza. El tenista uruguayo viene de semanas decisivas en el circuito Challenger: ganó el primero de su carrera en Santos, alcanzó otra final en Córdoba y dio un salto significativo en el ranking ATP, logrando el mejor puesto de su trayectoria. Ese envión lo dejó a las puertas de un hecho tan simbólico como histórico: volver a tener presencia uruguaya en la qualy de Wimbledon.
La entrevista, realizada en el programa Pura Vida por Pato Pita y Acu Iribarren, permitió meterse de lleno en el detrás de escena de ese crecimiento. Con 26 años, Roncandelli empieza a recoger los frutos de una carrera marcada por la constancia, los viajes interminables y la exigencia de un circuito donde “casi todas las semanas perdés”, como él mismo define.
“Hoy se ve el resultado de las últimas semanas y de que voy a jugar Wimbledon, pero sin duda hay muchos años de esfuerzo mío, de mi familia y de todo mi equipo que no se ven”, explicó. Su camino comenzó temprano, a los seis años, atravesando todas las etapas juveniles hasta que en 2018, con apenas 18, dio el salto al profesionalismo sin ranking ni certezas, más que la convicción de seguir empujando.
Ese recorrido implicó asumir una realidad poco visible del tenis profesional: viajar constantemente y sostener una inversión económica elevada. Roncadelli contó que pasa cerca de treinta semanas al año fuera de Uruguay y que, durante el verano europeo, es casi obligatorio instalarse en Europa para no perder terreno en el ranking. “Si no jugás, la gente te pasa y vos no subís”, resumió.
Hasta fines de 2024 vivió en Montevideo, pero tomó una decisión clave: mudarse a Buenos Aires. “Ya no tenía mucha gente para entrenar y allá está todo mucho más profesionalizado. Hay más jugadores de buen nivel, preparadores físicos y kinesiólogos. Sentía que tenía que estar ahí”, explicó. No fue sencillo dejar su casa, a su familia y su rutina, pero el resultado confirmó que era el paso correcto.
El aspecto económico ocupa un lugar central en su relato. “Es un deporte muy caro. Solo en raquetas necesitás cuatro o cinco, y cada una vale más de 250 dólares. A eso sumale cuerdas, viajes, entrenadores”, detalló. Según su experiencia, recién alrededor del puesto 250 del ranking mundial se empieza a vivir del tenis. Antes, la mayoría invierte más de lo que gana. Aun así, destaca el aprendizaje que deja el proceso: “Te enseña a trabajar duro y a levantarte todo el tiempo de las derrotas”.
Las últimas semanas marcaron un punto de inflexión. El título en Santos llegó un domingo y, sin margen para celebraciones, el lunes ya estaba viajando a Córdoba. “Sabía que si me iba bien entraba a Wimbledon. Tuve que cambiar el chip muy rápido”, contó. Recién con el correr de los días, ya en Italia, empezó a dimensionar lo conseguido. “A veces estoy tranquilo y me acuerdo de lo que logré, y se me dibuja una sonrisa. Es un premio a todo el esfuerzo”.
Roncadelli insiste en la importancia de disfrutar los logros en un circuito que no da respiro. “Todo pasa muy rápido. Capaz en dos semanas te va mal y ya estás pensando en lo que viene. Hay que valorar el momento”, reflexionó, dejando un mensaje que trasciende el deporte.
El calendario que se le viene es tan intenso como ilusionante: entrenamientos en Italia, competencia en Eslovaquia, unos días en Uruguay para reconectar con los suyos, preparación en Argentina y regreso a Europa para un torneo previo en Polonia antes del gran objetivo. “Obviamente hay puntos y dinero en juego, pero quiero disfrutarlo al máximo y competir lo mejor posible”, afirmó sobre su llegada a Wimbledon.
A la hora de hablar de referentes, no dudó. Rafael Nadal fue y sigue siendo su ídolo. “Me levantaba de chico a las seis de la mañana para verlo jugar. Me identificaba por ser zurdo, latino y por esa garra de no regalar una pelota”, contó. Una garra que siente propia y que define como “charrúa”, salvando todas las distancias.
El cierre dejó una mirada colectiva. Roncadelli no solo piensa en su sueño personal, sino también en el impacto que su camino puede tener en el tenis uruguayo. Con la Copa Davis en el horizonte, expresó su deseo de que este presente contagie a empresas, sponsors y nuevos jugadores. “Ojalá muchos chicos hoy me vean como referente. Es una linda responsabilidad”, dijo.
Mientras se prepara para pisar una de las canchas más emblemáticas del mundo, Franco Roncadelli confirma que, detrás del ranking y los resultados, hay una historia de perseverancia que hoy empieza a encontrar su recompensa.
