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Claudio Scalise, desarrollador de Distrito 52: “La burocracia le hace perder tiempo, rentabilidad y trabajo al país”

En el programa Conexión Empresarial, el empresario Claudio Scalise puso el foco, desde el inicio de la entrevista, en lo que considera hoy el principal obstáculo para el desarrollo: la burocracia. Según explicó, no se trata de falta de voluntad ni de carencia técnica en los organismos, sino de procesos lentos y encadenados que terminan castigando directamente a la inversión y, en consecuencia, a la creación de empleo.

Scalise señaló que tanto a nivel departamental como nacional encuentra funcionarios capacitados, con conciencia del problema y predisposición a resolverlo. Sin embargo, describió un “limbo burocrático” en el que los expedientes pasan por múltiples instancias, dictámenes y firmas que consumen meses —y a veces años— sin agregar valor al proceso. “Ese tiempo no productivo baja la tasa de retorno, desalienta inversiones y deja gente sin trabajo”, afirmó, remarcando que no piden excepciones ni beneficios especiales, sino que los trámites avancen dentro de la normativa vigente.

Para graficar el impacto, explicó que un proyecto que podría duplicar su capital en cinco años —con una tasa interna de retorno cercana al 15%—, si se retrasa dos años por burocracia, cae a una rentabilidad del entorno del 10%. “Ahí muchas inversiones dejan de ser viables”, sostuvo, y advirtió que las más afectadas suelen ser las de menor escala, aunque muchas veces son las más necesarias para el entramado productivo local.

Superado ese primer eje, Scalise repasó el presente de Distrito 52, un proyecto de usos mixtos que definió como “mucho mejor de lo esperado”. El barrio privado cuenta con 269 lotes, de los cuales el 90% ya está vendido, y actualmente hay más de 40 viviendas en construcción. Cinco o seis familias ya residen en el lugar y, hacia fin de año, estimó que podrían ser más de 30 las familias viviendo de forma permanente.

El perfil de quienes eligen Distrito 52 es mayoritariamente local, familias jóvenes del departamento que buscan vivienda permanente y calidad de vida, no un desarrollo turístico o estacional. Scalise destacó que el proyecto fue concebido desde el inicio para ese público y que la respuesta del mercado confirmó esa decisión.

Dentro del mismo predio, el colegio North Schools superó ampliamente las expectativas iniciales: proyectaba 120 alumnos y hoy ronda los 200, en apenas su segundo año de funcionamiento. A esto se suma la apertura del centro comercial prevista para octubre, y el avance del hotel Hampton by Hilton, un condotel cuyo inicio de obras se espera dentro del semestre, una vez que el fideicomiso complete sus etapas operativas.

Scalise también explicó el impacto económico del desarrollo: solo en obras privadas, el ritmo estimado implica unas 20 viviendas por año durante varios años, con un promedio conservador de 15 trabajadores por obra. “Estamos hablando de unas 300 personas trabajando de forma sostenida durante una década”, señaló, además de la población futura que podría rondar las mil personas cuando el barrio alcance su madurez.

Hacia el final de la entrevista, el empresario dedicó un último tramo a los proyectos en el eje de José Ignacio. Allí mencionó desarrollos como La Soleada, El Encuentro y La Zeta, que en conjunto suman más de mil lotes en distintas etapas. Scalise fue cauto y reservó este tema para un cierre breve, destacando que se trata de iniciativas de gran escala que transformarán la zona, siempre que los tiempos burocráticos acompañen y permitan que las inversiones se traduzcan en obras, servicios y empleo real para la región.

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