Harvest: crecimiento, comida saludable y un modelo listo para franquiciar
Harvest Café se consolidó como uno de los espacios gastronómicos más singulares de Punta del Este. Entrevistado en el programa Conexión Empresarial, su cofundador, Fernando Cáceres, explica cómo el proyecto pasó de mercado natural a concepto integral, con foco en comunidad, calidad y visión a largo plazo.
Harvest Café no nació como una cafetería tradicional y, según su cofundador Fernando Cáceres, tampoco pretende serlo. El proyecto, ubicado en la esquina de Pedragosa Sierra y avenida Italia, fue pensado desde el inicio como un concepto que combine gastronomía saludable, cercanía y sentido de pertenencia, más que como un simple lugar para consumir café o comida.
La historia comienza con un mercado natural frente a Devoto, enfocado en recetas propias y productos sin azúcar y sin gluten, orientados a una alimentación consciente. Detrás de esa idea estuvo Germán Corvini, nutricionista y socio del emprendimiento, con el objetivo de ofrecer opciones ricas y saludables para personas que debían cuidarse, pero sin resignar sabor ni experiencia. “La pregunta era cómo un diabético podía comer un postre rico, que se viera bien y fuera sano”, explicó Cáceres.
Con el tiempo, el proyecto empezó a transformarse. La falta de espacios de encuentro durante todo el año en Punta del Este fue una de las motivaciones centrales para dar el siguiente paso. “Pensé más como consumidor que como empresario. Vivimos para trabajar en diciembre, enero y febrero, pero ¿qué pasa con los que vivimos acá todo el año?”, planteó. Esa reflexión impulsó la mudanza, la incorporación de cocina propia y la creación de un espacio pensado para quedarse, trabajar, socializar y sentirse cómodo.
Desde diciembre de 2024, Harvest funciona como coffee shop, bakery, natural market y espacio gastronómico con cocina abierta de 8 a 21 horas, todos los días, excepto cinco feriados al año. La propuesta incluye desayunos, meriendas, almuerzos, productos de mercado, delivery y catering, con opciones tradicionales, sin gluten, sin azúcar, keto y con agregado de proteínas. Todo se produce en el propio local, desde panes y pastas hasta conservas y viandas.
Uno de los puntos clave del modelo fue la decisión de no ajustar nunca por calidad. En el plan de inversión original, los socios contemplaron hasta nueve meses de pérdida para sostener el nivel de servicio, la materia prima y la atención al cliente. “Queríamos que el ajuste nunca estuviera en la calidad, ni en cómo te recibe el camarero ni en lo que sale del plato”, afirmó Cáceres. Finalmente, ese escenario solo se dio durante un mes: el negocio logró autosustentarse once de los doce meses del año.
La fidelidad del público es otro de los pilares del proyecto. Harvest recibe fuera de temporada unos 120 clientes diarios y trabaja con un público cosmopolita, muchos de ellos residentes permanentes o personas que pasan largas temporadas en Punta del Este y José Ignacio. “Buscan calidad, tienen tiempo y muchas veces déficit de compañía. Harvest intenta ser ese lugar de abrazo y comunidad”, resumió.
Ese espíritu se refuerza en detalles que van más allá de la carta: el ambiente cálido, el perfume a café, la temperatura del local y hasta Indio, el perro del lugar, que se convirtió en parte de la identidad y del vínculo con los clientes. “Queríamos que Harvest se sintiera como hogar”, señaló.
De cara al futuro, el foco está puesto en cuidar al cliente de todo el año y en ordenar el crecimiento. El equipo ya trabaja en los manuales de marca para avanzar con un plan de franquicias, ante el interés recibido, y analiza nuevas oportunidades de expansión. “Siempre estamos buscando algo, pero con la misma idea: sostener el concepto y la calidad”, concluyó Cáceres.
