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¿Tu trabajo desaparecerá o cambiará de forma? El impacto de la IA en el empleo

La inteligencia artificial transforma el mercado laboral, reduce la demanda de algunos perfiles y genera nuevas oportunidades. Gonzalo Sobral analizó los desafíos para trabajadores y empresas.

La inteligencia artificial está modificando las formas de trabajar, las habilidades que demanda el mercado y las perspectivas laborales de las nuevas generaciones. En una nueva edición de “El algoritmo de Euclides”, la columna que realiza Gonzalo Sobral en el programa Conexión Empresarial, junto a Marcos Grolero y Verónica Bibiloni, el especialista abordó una pregunta que atraviesa a trabajadores, empresas y estudiantes: ¿los empleos desaparecerán o se transformarán?

Sobral comenzó por compartir una experiencia reciente con estudiantes de ingeniería, de entre 22 y 23 años, a quienes consultó sobre su situación laboral. A diferencia de lo que sucedía cinco años atrás, cuando las empresas buscaban incorporar estudiantes desde el inicio de la carrera e invertir en su formación, ahora muchos deben pasar entre seis y siete meses buscando su primera oportunidad.

El cambio, explicó, está vinculado a la irrupción de la inteligencia artificial y a la reducción de la demanda de perfiles junior, particularmente en el sector tecnológico. Las tareas que antes realizaban los trabajadores que recién comenzaban su carrera ahora pueden ser resueltas, en parte, mediante herramientas de IA entrenadas y supervisadas por profesionales con mayor experiencia. Esto también modificó las condiciones económicas de las primeras ofertas laborales.

De las revoluciones industriales a la automatización del trabajo intelectual

Sobral planteó que la inteligencia artificial representa una nueva revolución tecnológica, aunque todavía está por verse cómo se la clasificará históricamente. A diferencia de las revoluciones industriales anteriores, que sustituyeron principalmente el trabajo físico mediante máquinas, la IA también alcanza tareas administrativas, intelectuales y de procesamiento de información.

Desde la máquina de vapor, pasando por la incorporación de la electricidad y la expansión de la computación, las transformaciones tecnológicas modificaron la producción y el empleo. Sin embargo, la inteligencia artificial está avanzando sobre actividades de oficina que durante décadas no habían sido automatizadas de manera masiva.

En ese escenario, Sobral identificó las tareas rutinarias como algunas de las más expuestas. El procesamiento de datos básicos, el ingreso de información y los primeros niveles de atención telefónica son ejemplos de actividades que pueden automatizarse progresivamente.

Como ejemplo, relató su experiencia con un proveedor de servicios tecnológicos uruguayo, cuyo sistema de atención telefónica ahora utiliza un asistente conversacional. Al realizar una consulta sobre un problema de facturación, fue atendido por un bot que se comunicaba en un español cotidiano y con expresiones propias del Uruguay.

El sistema no solo le indicó cómo resolver el inconveniente, sino que también lo acompañó durante el proceso, consultó si había podido completar cada paso y, finalmente, lo derivó a una operadora humana para verificar que todo estuviera correcto. Para Sobral, la experiencia demostró que la atención automatizada puede alcanzar un nivel de interacción muy cercano al de una conversación habitual.

Los empleos que crecen con la inteligencia artificial

Mientras algunas tareas pierden demanda, la expansión de la IA también genera oportunidades laborales en áreas especializadas y en actividades vinculadas a su infraestructura.

Sobral mencionó a los ingenieros de datos, especialistas en machine learning, profesionales de big data y trabajadores relacionados con el desarrollo, mantenimiento y supervisión de sistemas de inteligencia artificial.

También destacó el crecimiento de las necesidades energéticas de los centros de datos, que requieren grandes cantidades de electricidad para funcionar. En ese contexto, las profesiones relacionadas con las energías renovables y la infraestructura energética adquieren relevancia.

El especialista recordó el debate generado en Uruguay por el proyecto de instalación de un centro de datos de Google en Canelones, particularmente por el consumo de agua y las condiciones necesarias para refrigerar las instalaciones. La localización de estos centros implica considerar no solo la disponibilidad energética y de recursos naturales, sino también la logística, el mantenimiento, la seguridad y la posibilidad de reponer equipos ante eventuales fallas.

Además de los empleos directamente vinculados con la tecnología, Sobral señaló que también habrá oportunidades en la auditoría de los resultados que producen los sistemas de inteligencia artificial. Para desempeñar esa tarea se requiere conocimiento especializado y, especialmente, capacidad de análisis y pensamiento crítico.

La importancia de actualizar los conocimientos

Durante la columna, Sobral hizo referencia a un informe del Foro Económico Mundial que estima que el 50 % de las habilidades centrales que utilizan actualmente los trabajadores cambiarán o perderán relevancia en los próximos años.

En Uruguay, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) también elaboró un informe sobre los efectos de la transformación digital y la inteligencia artificial, con especial atención a la matriz productiva nacional.

Para Sobral, estos cambios plantean un desafío para los profesionales, que ya no pueden depender exclusivamente de los conocimientos adquiridos durante su formación académica. La actualización permanente se vuelve especialmente importante en sectores donde la tecnología evoluciona rápidamente.

“Un ingeniero no puede pasar cinco años sin leer nada”, señaló, al explicar que un profesional puede conservar las bases de su formación, pero quedar desactualizado si no continúa incorporando conocimientos relacionados con su especialidad.

La velocidad de estos cambios, sin embargo, no será igual en todas las disciplinas. Sobral planteó que algunas profesiones, como la ingeniería informática, requieren una actualización particularmente frecuente, mientras que otras áreas podrían tener una evolución diferente en sus conocimientos y prácticas.

El pensamiento crítico, la empatía y el liderazgo

Más allá de las tareas que puede automatizar, Sobral identificó capacidades humanas que siguen siendo relevantes en el ámbito laboral, como el criterio, la empatía, el liderazgo, la flexibilidad y la resolución de conflictos.

Aunque la inteligencia artificial puede procesar información y generar respuestas, todavía presenta limitaciones para comprender las particularidades de las relaciones humanas, interpretar situaciones complejas y adaptarse a circunstancias cambiantes.

El liderazgo, explicó, no consiste únicamente en impartir instrucciones, sino también en construir objetivos compartidos, escuchar activamente, comprender a las personas y resolver conflictos. Son dimensiones que requieren interpretar contextos y necesidades que no siempre pueden expresarse mediante datos.

Para ilustrar algunas de estas limitaciones, Sobral contó que configuró una herramienta de inteligencia artificial para que discutiera sistemáticamente sus planteos. La experiencia le resultó divertida, pero también le permitió observar que el sistema tendía a buscar objeciones incluso ante afirmaciones sencillas, sin distinguir necesariamente cuándo era pertinente cuestionar y cuándo correspondía aceptar un argumento.

En ese sentido, recomendó que al utilizar estas herramientas se incluyan instrucciones claras para evitar respuestas inventadas o conclusiones que no estén respaldadas por la información disponible. También sugirió pedir que las dudas queden identificadas y separadas, para que el usuario pueda revisarlas.

La IA, sostuvo, puede ayudar a analizar datos y elaborar escenarios a partir de experiencias anteriores, pero no debe confundirse esa capacidad con la posibilidad de anticipar cualquier innovación o imaginar con certeza acontecimientos que nunca ocurrieron.

Del reemplazo al trabajo aumentado

Una de las perspectivas que planteó Sobral es que el futuro del empleo no necesariamente estará definido por la sustitución de trabajadores, sino por una convivencia entre las personas y las herramientas tecnológicas.

El concepto de trabajo aumentado o asistido permite entender cómo la inteligencia artificial puede complementar las capacidades humanas, asumir determinadas tareas y liberar tiempo para otras actividades que requieren creatividad, análisis, criterio y toma de decisiones.

Sin embargo, la incorporación de estas herramientas también exige gestionar los cambios dentro de las organizaciones. Sobral explicó que, en su experiencia profesional, cada vez es más frecuente participar en procesos de transformación digital en empresas que necesitan integrar la IA a sus operaciones.

La adopción, indicó, puede desarrollarse por etapas: primero, mediante herramientas sencillas que permitan a los trabajadores experimentar individualmente; luego, a través de soluciones compartidas que comiencen a modificar procesos en los que participan varias personas; y finalmente, con una integración más profunda en la organización.

El objetivo es que los equipos aprendan a utilizar la tecnología sin temor y que la incorporación de nuevas herramientas esté acompañada por una estrategia de adaptación.

El desafío de las pequeñas y medianas empresas en Uruguay

A partir del informe de la OPP, Sobral destacó la importancia de analizar el impacto de la inteligencia artificial teniendo en cuenta las características de la economía uruguaya, cuya estructura productiva presenta diferencias con las de países como Estados Unidos o China.

En ese marco, señaló que las pequeñas y medianas empresas (pymes) tienen un papel central, ya que la incorporación de tecnología puede generar mejoras de productividad y eficiencia, pero también profundizar las diferencias entre las empresas que logren adaptarse y aquellas que queden rezagadas.

El informe de la OPP, según explicó, plantea la necesidad de articular el conocimiento académico, la intervención del Estado y la participación del sector privado para impulsar la transformación digital y desarrollar una estrategia de largo plazo.

Sobral consideró que las empresas más pequeñas pueden experimentar beneficios importantes con la incorporación de herramientas de IA, aunque también enfrentan el riesgo de ampliar la brecha de productividad si no consiguen acceder a ellas o integrarlas adecuadamente.

El uso de IA en el Estado y la transparencia

Otro de los asuntos abordados fue una investigación realizada por el equipo de Amenaza Robot, integrado por los periodistas Gabriel Farías y Dobrich, que consultó a más de veinte instituciones públicas uruguayas sobre el uso de inteligencia artificial en sus actividades y si ese uso era declarado.

Según relató Sobral, la investigación encontró que distintas instituciones ya utilizan estas herramientas, aunque en algunos casos no informan expresamente sobre su intervención.

Mencionó como ejemplo la utilización de sistemas de IA en etapas iniciales de evaluación de proyectos presentados ante organismos como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE).

Para Sobral, este tipo de aplicaciones plantea interrogantes sobre la transparencia de los procedimientos, los criterios utilizados por los sistemas y la posibilidad de que los postulantes reciban explicaciones sobre las decisiones que se toman.

El uso de inteligencia artificial en organismos públicos, sostuvo, debería acompañarse de información clara sobre los procesos en los que interviene, los criterios aplicados y las instancias de revisión disponibles.

En su análisis, el informe de la OPP pone el foco principalmente en las oportunidades de productividad y transformación que ofrece la IA, así como en la necesidad de desarrollar una estrategia nacional que permita aprovechar sus posibilidades.

La pregunta sobre si el trabajo desaparecerá o cambiará de forma, planteada al comienzo de la columna, no tiene una única respuesta. Para Sobral, el escenario estará marcado por la transformación de las tareas, la aparición de nuevas especializaciones y la necesidad de actualizar los conocimientos. En ese proceso, la capacidad de adaptación de los trabajadores, las empresas y las instituciones será un factor central para afrontar los cambios que introduce la inteligencia artificial.


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