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Amalgama Bar: cocina abierta, tapas y precios cuidados en el entorno de la Torre del Vigía

Con una propuesta de tapas, vermú y cocina abierta, dos jóvenes emprendedores apostaron a revitalizar una zona clave de Maldonado. Desde la experiencia montevideana hasta la identidad del barrio, Amalgama Bar de Tapas busca rotación, cercanía y calidad todo el año.

En una esquina estratégica de Maldonado, a una cuadra de la Torre del Vigía, funciona Amalgama Bar de Tapas, el proyecto gastronómico de Iñaki Aguerre (27) y Ignacio Pena (28), dos amigos de Punta del Este que decidieron transformar una oportunidad familiar en un negocio propio.

“Primero amigos y después socios”, resumieron al ser entrevistados en el programa Conexión Empresarial. La idea surgió cuando detectaron que un amplio local —propiedad de la familia de Pena— estaba subutilizado, pese a su excelente ubicación sobre Joaquín de Viana y Rafael Pérez del Puerto, un punto de alto tránsito que conecta distintos sectores de la ciudad.

La experiencia de ambos en Montevideo fue clave para definir el perfil del proyecto. “Allá hay una cultura más marcada de tapeo, de lugares distendidos y propuestas diferentes. Sentíamos que eso acá faltaba”, explican. Así nació una propuesta basada en tapas de buena elaboración, precios accesibles y un modelo pensado para la rotación de público.

El objetivo es claro: ofrecer una experiencia gastronómica cuidada sin que eso implique un gasto elevado. “Nuestro ticket promedio ronda los mil pesos por persona, con dos tapas y bebida. Queremos que la gente pueda volver seguido”, señalan. El vermú —incluido el vermú tirado— ocupa un lugar central en la carta, acompañando una tendencia que ya está instalada en Montevideo y empieza a ganar terreno en Maldonado.

Amalgama abrió sus puertas en febrero y la respuesta superó las expectativas. “Nos sorprendió mucho la rotación y la diversidad del público”, cuentan. Además de jóvenes y vecinos de la zona, han recibido turistas y extranjeros, algo que no estaba en los planes iniciales.

El local tiene capacidad para unas 60 personas y funciona de martes a domingo desde las 19.30 horas. Para fidelizar al público, apuestan a la innovación constante: sugerencias de fin de semana, tapeos de cortesía entre semana y una carta que se renueva sin perder identidad.

El nombre no es casual. “Todo es una amalgama”, explican. El diseño del espacio combina microcemento, ladrillo visto, madera rústica y elementos de época; la cocina es abierta; el menú mezcla platos tradicionales con una vuelta de rosca; y el público convive sin etiquetas, con mesas compartidas por distintas generaciones.

Detrás de la propuesta gastronómica está el chef Julián Pérez, con experiencia en el País Vasco, cuya impronta se refleja en el concepto del lugar y en la calidad de los platos.

Más allá del negocio, Aguerre y Pena destacan el valor de apostar al centro urbano de Maldonado. “Hay mucha gente viviendo todo el año en esta zona y nos agradecen que haya propuestas nuevas. Ojalá se sumen más, porque no es competencia: se genera un polo y todos ganan”, concluyen.

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