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Mansa Refrescos: kombucha, ginger ale y una nueva mirada sobre el refresco

En el programa Empresa Viva, Gonzalo Sobral conversó con Juan Sciorra y Felipe Mangino, creadores de Mansa Refrescos, un emprendimiento que nació en Maldonado y que hoy empieza a consolidarse como una alternativa natural dentro del mercado de bebidas, con identidad local y proyección regional.

La historia de Mansa tiene un origen íntimo y cotidiano. Felipe Mangino contó que la idea surgió cuando su hijo, con apenas tres años, empezó a pedir refrescos. En una casa donde ese tipo de bebidas no formaban parte del consumo habitual, la situación lo llevó a una reflexión: lo que atraía al niño no era el contenido, sino la experiencia. Los colores, el sonido al abrir la lata, las burbujas y ese sabor distinto al agua. En ese momento, Mangino trabajaba en el mundo de la cerveza artesanal, vendiendo maquinaria y ofreciendo servicios de enlatado. Con ese conocimiento, comenzó a elaborar kombucha de forma casera, primero como una prueba y luego como una alternativa real que no solo conquistó a su hijo, sino también a su entorno cercano.

El proyecto tomó otra dimensión cuando apareció Juan Sciorra. El encuentro fue casual, durante un asado, presentado por un amigo en común. Juan y su socio Cristian tenían una finca productora de frutos rojos, y la conexión fue casi inmediata: Felipe necesitaba fruta y ellos estaban buscando nuevas formas de valorizar su producción. Tras varios meses de charlas y pruebas, Sciorra llevó algunas latas de kombucha a Buenos Aires para someterlas a una especie de test informal. El resultado fue contundente: diez de diez personas coincidieron en que el producto gustaba. Esa validación fue el empujón final para transformar la idea en empresa.

El desarrollo de sabores combinó intuición, prueba y estrategia. Mangino relató que al principio experimentaba con lo que tenía en su casa, entendiendo cómo la acidez natural de la kombucha dialogaba con distintas frutas y hierbas. Probó con lemongrass y otras combinaciones hasta llegar a un portafolio inicial que equilibrara identidad y viabilidad comercial. Así nacieron los sabores de lima, pomelo y frutos rojos, este último destacado por su impacto visual. A ese trío se sumó una propuesta más de nicho: una kombucha de café elaborada con cold brew de Cafetina, una cafetería local que aportó carácter y autenticidad al producto.

El desembarco comercial también fue artesanal. Sciorra explicó que decidieron salir a vender personalmente, recorriendo cafeterías, bares y restaurantes para explicar qué era la kombucha y cómo se consumía. La misión era clara: romper con el prejuicio de que los fermentos no son ricos. En ese camino aparecieron clientes clave que acompañaron el crecimiento desde el inicio, como Brote, El Popu y La Casita de Kari, esta última la primera en apostar por el producto cuando la lata apenas tenía un pequeño sticker que decía “kombucha”.

Hoy, el modelo de negocio de Mansa Refrescos se apoya principalmente en la venta a través de intermediarios. Si bien existe un vínculo directo con algunos consumidores locales que se acercan a la fábrica o reciben pedidos durante los repartos, el mayor volumen se canaliza por cafeterías, almacenes, tiendas naturales y grandes superficies como Fresh Market.

La marca también empezó a ampliar su portafolio más allá de la kombucha. Uno de los lanzamientos recientes es el ginger ale, un fermento de jengibre elaborado con levaduras y bacterias salvajes presentes en la cáscara, sin base de té. A eso se suma una nueva línea en desarrollo, el “refresco nativo”, una bebida no fermentada a base de infusión de yerba mate, combinada con ingredientes locales como marcela, menta, guayabo del país y butiá. Este proyecto incorpora además una dimensión ambiental, ya que parte de las utilidades será destinada a AMBA, una organización enfocada en la conservación de la fauna y la flora y en la reforestación de yerba mate.

En cuanto a la estrategia de crecimiento, Sciorra fue claro: avanzar siempre, pero sin desbordarse. Primero consolidaron el abastecimiento a comercios pequeños y medianos, luego dieron el salto a superficies más grandes y ahora el foco está puesto en seguir expandiéndose dentro de Uruguay, con especial atención a Montevideo, el mercado más grande del país. A mediano plazo, la exportación a Argentina aparece como un objetivo concreto, especialmente con el ginger ale, un producto que consideran diferencial por su carácter artesanal, sus ingredientes reales y su condición de bebida viva.

Emprender desde el interior, coincidieron ambos, tiene sus desafíos. Los costos logísticos son más altos, los fletes pesan y la velocidad de respuesta no siempre acompaña. A veces, quedarse sin un insumo implica esperar días. Sin embargo, también destacaron que esa realidad los obliga a ser más creativos, a planificar mejor y a crecer con los pies en la tierra.

Así, desde Punta del Este, Mansa Refrescos construye un camino propio dentro del mundo de las bebidas, apostando a la experiencia, al sabor y a una identidad que combina innovación, territorio y crecimiento sostenido.


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